Democracia

Ejercicio democrático, más allá de las urnas

 

Mucho se ha dicho que las llamadas “fake news” fueron un factor decisivo en el triunfo presidencial de Donald Trump, pero al parecer, las “noticias falsas” que circulan en la red, aunque tienen un amplio alcance, no consiguen proporcionalmente un notable impacto en los lectores. Esta es la conclusión que, recientemente, fue dada a conocer, como resultado del estudio realizado entre investigadores del Dartmouth College, la Universidad de Princeton, y la Universidad de Exeter. El trabajo se concentró en el análisis de la actividad en línea, generada, en el último período de la campaña presidencial de 2016, por una significativa muestra de estadounidenses que autorizaron el acceso a sus historiales de búsqueda.

 

Desde luego, no han faltado los que ponen en duda, la seriedad científica del estudio mencionado. Sin embargo, la noticia nos lleva a preguntarnos cuál será el papel que los medios masivos de comunicación jugarán en la jornada electoral de este 2018, la cual ha sido calificada como una de las más significativas en la historia democrática de nuestra patria. Efectivamente, en este año, los comicios federales concurren con elecciones locales, en 30 de los 32 estados del país. Según los datos proporcionados por el INE, además del presidente de la república, estará en juego la elección de 128 senadores, 500 diputados federales y 2818 autoridades locales.

 

Al gran número de cargos en contienda, se suma la nutrida cifra de los casi 90 millones de electores que conforman el padrón. Pero en contraste con estas cantidades, algunos prevén una drástica caída en el porcentaje de quienes, el próximo 1ero de julio, harán efectivo su voto en las urnas. El abstencionismo indiferente sería una manifestación del hartazgo y la desilusión que la población experimenta frente a un régimen político que, además de su incapacidad para solucionar los acuciantes problemas de inseguridad y pobreza, se encuentra sumergido en una escandalosa crisis de credibilidad. Y es en este escenario del generalizado descrédito de la función pública, donde aparece más absurda la enorme inversión económica, destinada a la propaganda política.

 

Justamente, la doble circunstancia de una ciudadanía políticamente apática y un exacerbado gasto en las campañas publicitarias, representan dos de los característicos rasgos de eso que, ya en el 2004, el prestigioso sociólogo británico Colin Crouch, denominó “posdemocracia”. No es que la democracia haya pasado porque ciertamente, ahora no se podría decir que el despotismo y la represión de la era predemocrática han vuelto descaradamente a las prácticas de estado. Por el contrario, es verdad que hoy, los gobiernos difícilmente pueden mantener secretos, sin ser sometidos al escrutinio democrático. Sin embargo, esto tampoco significa que la democracia haya llegado a su necesaria y óptima situación. El hecho de que nunca antes como ahora, el electorado pueda expresar la percepción negativa que tiene de la clase política, no es más que un elemento periférico de la genuina tarea que exige la democracia.

 

Por tanto, en esta coyuntura posdemocrática, Crouch advierte de un doble riesgo. Primero, reducir la práctica política al aparato burocrático, la estructura partidista y el sistema electoral. Derivado de esto, está también el riesgo de conformarse con lo que el especialista británico llama el “activismo negativo” de la culpa y la queja. La manifestación de la rabia y la frustración, en las redes sociales, no pasa de ser una mera catarsis que no nos ayuda a tomar conciencia de que el deber democrático no se resuelve sólo en las urnas, ni es de la competencia exclusiva de los políticos. No es, pues, suficiente protestar y criticar para involucrarse en el proyecto de nación porque éste reclama una participación creativa e inteligente de cada uno de nosotros. En definitiva, somos nosotros los ciudadanos, los responsables primeros de la calidad de nuestra clase política y de las instituciones que nos gobiernan.

 

Pbro. Dr. Alberto Anguiano García Universidad Pontificia de México