PIO XII Apertura de los archivos del 
pontificado de Pío XII

 El pasado 4 de marzo, el papa Francisco anunció a los oficiales del Archivo Secreto Vaticano que los documentos concernientes al pontificado de Pío XII (1939-1958) podrán ser consultados por los investigadores, a partir del 2 de marzo del 2020. Este anuncio lo hizo con motivo del ochenta aniversario de la elección al solio pontificio del cardenal Eugenio Pacelli (2 de marzo de 1939), quien «guió la Barca de Pedro en uno de los momentos más tristes y oscuros del siglo XX».

Francisco declaró que tomaba esta decisión, después de escuchar el parecer de sus colaboradores más cercanos, «con ánimo sereno y confiado, seguro de que la investigación histórica seria y objetiva podrá evaluar, en su justa luz, con la crítica apropiada, los momentos de exaltación de aquel pontífice y, sin duda, también los momentos de graves dificultades, de decisiones atormentadas, de prudencia humana y cristiana».

Muchos investigadores habían solicitado, desde hace años, poder consultar los documentos del pontificado de Pío XII, con el fin de aclarar la incógnita sobre su supuesta complicidad pasiva, al no pronunciarse explícitamente sobre el exterminio judío en la Segunda Guerra Mundial. Existe una opinión generalizada que afirma que el papa tendría que haber condenado más firmemente la masacre de los judíos, pero si no lo hizo fue por prudencia diplomática y para no poner en peligro a los católicos en la Europa ocupada por el nazismo.

La noticia del papa Francisco ha despertado gran interés entre los historiadores estudiosos de la época contemporánea, debido a la importancia que tiene el Archivo Secreto Vaticano para consultar documentos sobre el gobierno de la Iglesia universal y la relación diplomática de esta institución con muchas naciones del mundo. León XIII fue el primer papa que abrió el Archivo a la investigación de los historiadores en 1881 y, a partir del 1924, el papa en turno concede libre consulta de los documentos “por pontificado”. El límite cronológico para su consulta llegaba hasta el pontificado de Pío XI (febrero 1939), aunque en los últimos años, los papas han permitido consultar de algunos archivos del periodo de Pío XII. El papa Pablo VI, al término de los trabajos conciliares en 1965, permitió a los estudiosos consultar el Archivo del Concilio Vaticano II (1962-1965) y, más adelante, Juan Pablo II abrió, a la consulta, el fondo Oficio sobre las informaciones vaticanas sobre los prisioneros de guerra (1939-1947). Sobre la Segunda Guerra mundial ya se han publicado, en las ediciones del Vaticano, Actas y Documentos concernientes a la Secretaría de Estado, a partir de diciembre de 1965, lo que ha permitido estudiar ya, la actividad de la Santa Sede, durante este periodo crítico.

El papa Pacelli, que había recibido, después de su muerte (el 9 de octubre de 1958), una serie de homenajes y reconocimientos, fue visto años más tarde como uno de los principales protagonistas de una “leyenda negra”: durante la guerra, por cálculo político o por cobardía, habría asistido impasible y silencioso ante los crímines contra la humanidad, cuando una denuncia suya los habría parado. Para pasar de la ficción a la realidad, de la leyenda a la historia, solo existía un medio: recurrir a los documentos originales, que expresaran directamente la acción del papa. De ahí, la decisión tomada, en 1964, por el papa Paulo VI, que había sido uno de los más próximos colaboradores del Papa Pío XII, de autorizar la publicación de actas y documentos de la Santa Sede, relativos a la Guerra. Es cierto que este material no agotó toda la información sobre el asunto, pero sí se publicó, en once tomos, la documentación que puede consultarse en la red.

He ahí la importancia de la decisión del papa de Francisco para poder consultar el acervo documental íntegro que pueda ofrecer a los historiadores un medio para conocer, con objetividad, la actitud o la acción del papa Pío XII y de la Santa Sede durante la guerra. Esta documentación seguramente dará a conocer la acción del papa en la guerra, las informaciones más o menos completas que le llegaban, las solicitudes que le hacían debido a su influencia moral y religiosa, su preocupación por salvar los que aun podía salvarse, su esfuerzo para parar la calamidad, mitigar el sufrimiento y socorrer a las víctimas, pero guardando siempre la imparcialidad entre las partes en lucha.

Con razón, en su discurso del 4 de marzo, a los oficilaes del Archivo Secreto, el Papa Francisco ha afirmado en su discurso que «la Iglesia no tiene miedo de la historia, al contrario, la ama y le gustaría amarla más y mejor, ¡como Dios la ama! »

 Dr. Antonio Cano Castillo