La lucha de Independencia continúa en México

La lucha de independencia debe ser una lucha permanente de todos los mexicanos que nos lleve a conquistar plenamente la libertad y la justicia en nuestro país. En México, existen todavía muchas dependencias e injusticias que nos atan, como las dependencias políticas, económicas o culturales en un mundo globalizado o las injusticias sociales que acrecientan, cada vez más, la brecha entre ricos y pobres. Estas realidades que nos esclavizan deben ser superadas con el mismo ímpetu que impulsó a los insurgentes en la gesta independentista de nuestro país, con el fin de instaurar una sociedad que goce de plena libertad e igualdad, en donde los ciudadanos tengan los mismos derechos y obligaciones.

Para lograr esta hazaña, necesitamos inspirarnos en aquellos hombres y mujeres que ofrendaron su vida para instaurar un México libre y justo, durante la lucha de Independencia en los años de 1810 a 1821. Los insurgentes, entre los que se encontraban eclesiásticos como Miguel Hidalgo y José María Morelos y Pavón o laicos como Ignacio Allende y Doña Josefa Ortiz de Domínguez, abanderados por la imagen de la Virgen de Guadalupe, adoptaron los valores de libertad, justicia e igualdad, como fundamento ideológico de su causa. La imagen guadalupana se convirtió así, en inspiradora y precursora del movimiento de libertad que convocó a los criollos y a las clases desfavorecidas.

Como mexicanos que somos, devotos de la Virgen de Guadalupe, debemos también asumir nuestro compromiso, como católicos, para fomentar los valores éticos-cristianos que nos ayuden a liberarnos de las ataduras de la corrupción, las injusticias o la violencia. Vivimos en una sociedad en la que no existe coherencia entre lo que profesamos y vivimos, en donde las personas de fe no luchan por la justicia social, la libertad y el respeto tal como lo realizaron nuestros próceres de la Independencia.

En un mundo globalizado, México puede también superar las amenazas de dependencia o codependencia que se busca imponer a escala global, en los ámbitos cultural, económico y político. Si es cierto que hay un nacionalismo muy arraigado en la cultura mexicana que se expresa en la música, gastronomía y en la forma de vestir, también es verdad que las nuevas generaciones se sienten cada vez atraídas por la cultura anglosajona. Un sano nacionalismo impregnado con los valores del Evangelio nos podría ayudar a superar las ataduras que vivimos y a alejar las dependencias que nos amenazan.

Dr. Antonio Cano Castillo