BOcatalogo

 

 

 

LA BIBLIOTECA DE LA UNIVERSIDAD PONTIFICIA DE MÉXICO

La Biblioteca de la UPM ocupa, por propia naturaleza, un lugar central en la vida universitaria, pues de ella depende el estudio, la investigación y la docencia. Constituye, por tanto, un servicio de apoyo indispensable para toda la comunidad universitaria y el público, en general.    

Comprende los fondos bibliográficos, hemerográficos y documentales de aproximadamente 200.000 volúmenes (dato de febrero de 2014), en las materias de Filosofía, Historia, Derecho Civil y Canónico, Teología, Pedagogía y Ciencias Sociales, entre otras.

UNA BIBLIOTECA, FRUTO DE GENEROSIDAD

En 1937, año de la Fundación del Seminario Nacional de Santa María de Guadalupe, mejor conocido como Montezuma Seminary, que estuvo ubicado muy cerca de las Montañas Rocallosas, en Montezuma, al norte de Nuevo México, parajes que fueron en otros tiempos territorios novohispanos y mexicanos, y que a raíz del Tratado de Guadalupe Hidalgo, pasaron a ser de los Estados Unidos de Norteamérica, en 1848.

El Seminario de Montezuma, después de una serie de vicisitudes eclesiales, políticas y económicas, abrió sus puertas, con la venia de los episcopados de Estados Unidos y de México, y la encomienda del Papa Pío IX a la Compañía de Jesús para su régimen interno. Junto con sus primeros superiores, profesores y alumnos, llegaron libros provenientes de los seminarios de Zacatecas y Morelia, y algunos más que habían sido rescatados de bibliotecas confiscadas de seminarios mexicanos, los cuales se habían salvado del saqueo carrancista y habían ido a parar a casas particulares. Otra cantidad significativa de libros fueron aportados por colegios jesuitas como el Woodstock College de Nueva York, y de algunos seminarios de Estados Unidos y Europa.                                                                     De esta manera fue formándose y creciendo la biblioteca del Seminario de Montezuma que estuvo a cargo, durante bastantes años, de destacados historiadores jesuitas, como el P. Daniel Olmedo y el P. Luis Medina Ascencio, quienes la enriquecieron mediante un criterio a la vez abierto y selectivo. El Seminario, a pesar de que jamás abundó en bienes económicos, tuvo siempre en su presupuesto un rubro para la adquisición de libros. No podemos dejar de mencionar que, además de las valiosas donaciones de determinadas instituciones, un buen número de libros fue donación de clérigos particulares que, a través de los años de existencia del Seminario de Montezuma, fueron motivados por los bibliotecarios en turno.

     Una de las más importantes aportaciones económicas para la compra de libros se obtuvo en 1965, a raíz de la resolución del Tribunal Internacional de La Haya del laudo arbitral sobre el fondo piadoso de las Californias, que fue aceptado por el Presidente Gustavo Díaz Ordaz en 1964. Este fondo era un capital de origen virreinal, producto de la desamortización de las "temporalidades" de los jesuitas, realizada por la Corona española en 1767, y que fue administrado, después de la independencia, por el gobierno mexicano, y cuyos réditos habían dejado de pagarse por Don Benito Juárez y los gobiernos sucesivos.

     El Obispo de Monterrey, California, que había promovido el asunto y obtenido el fallo favorable del mencionado Tribunal Internacional, propuso en 1964 a la Conferencia Episcopal de Estados Unidos que la mayor parte de lo recibido se entregara al Seminario de Montezuma para la actualización de la biblioteca.

     Así se formó, a grandes rasgos, el gran acervo que llegó a la Universidad Pontificia de México en 1982, proveniente del Seminario Regional de las diócesis del estado de Hidalgo (Tula, Tulancingo y Huejutla) establecido en Tula y que fue el sucesor inmediato del antiguo Nacional de Montezuma. Por un acuerdo entre la Conferencia del Episcopado Mexicano y la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús, hecho al cierre del Seminario de Montezuma, el acervo bibliográfico que de éste fue trasladado a Tula en 1972, habría de pasar a la futura Universidad Mexicana, que no sería ya un seminario, sino que estaría abierta a clérigos y laicos y cuya reapertura fue solemnemente declarada el 29 de junio de 1982 en la Basílica de Guadalupe.

     En miles de los libros de nuestra actual biblioteca, bajo el sello distintivo de la Universidad Pontificia de México, impreso en los cantos, en la contraportada y en algunas páginas, podemos ver un sello rectangular que dice: Biblioteca Seminarii Centralis Mexicani Montezumensis; en otros, además, uno redondo que reza: Ex libris Societatis Iesu Domus Montezumensis.

     A esta breve reseña sobre el origen del acervo de nuestra actual biblioteca, debe añadirse que que a lo largo de más de treinta años de reapertura de la Universidad Pontificia de México, éste ha ido aumentando cada vez más, gracias la generosidad de varios hombres y mujeres que, a nombre de importantes instituciones o del suyo propio, han contribuido con sus valiosas donaciones en especie o con aportaciones económicas, al enriquecimiento del mismo.