El conocimiento teológico y su relevancia en la vida espiritual

Autor: UPM

Publicación: 05/03/2024

Categoría: Formación Continua

Quien quiera creer necesita «un corazón atento» (1 Re 3,9), la teología se trata de tener bien despierto este corazón, de reflexionar acerca del diálogo entre el hombre y Dios a lo largo de los siglos, se hace teología siempre que se reflexiona cualquier realidad humana a la luz de la fe. En cada encuentro humano, en cada experiencia conmovedora en la naturaleza, en cada aparente casualidad, en cada reto, en cada dolor, está escondido un mensaje de Dios para nosotros.

En la búsqueda de una conexión más profunda con lo divino, el conocimiento teológico emerge como una guía esencial; este conocimiento no solo enriquece la mente, sino que también alimenta el alma, proporcionando una base sólida para la vida espiritual. En este artículo te contaremos cómo la Teología te ayudará a comprender mejor la forma en que Dios se ha revelado a los hombres.

¿Qué significa la palabra teología?

La Teología es el conocimiento de Dios y, por tanto, de la divinidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y el camino para hacerlo es a través de la Palabra de Dios revelada a los hombres en las Sagradas Escrituras (la Biblia), la Tradición y el Magisterio. Esta es una definición a la que llegamos después de siglos de historia y gracias a las aportaciones de grandes teólogos como Eusebio de Cesárea y santos como Agustín de Hipona y san Justino.

La palabra “Teología” tiene su raíz etimológica en el griego: Theo, que significa Dios, y Logia, que quiere decir discurso, palabra, estudio; en su manera conjunta significaría “discurso sobre Dios” o “estudio sobre Dios”, así, la teología se convierte, por decirlo de otra manera, en la ciencia de Dios.

O sea que ¿puede haber una ciencia que explique a Dios? Suena difícil; la complejidad de la sola explicación etimológica diría que sí, que la Teología eso es lo que busca; pero en realidad a Dios no se le puede estudiar como cualquier otra realidad u objeto.

Santo Tomás de Aquino escribió que Sacra doctrina, como también puede llamarse al conocimiento teológico, es: “la necesidad de dar cuenta narrativamente del acontecimiento de la fe y la necesidad de expresar conceptualmente lo que significa este acontecimiento, en sí y para nosotros”.

 

Si aplicamos a la Teología, principios del conocimiento filosófico, podríamos decir que la teología estudia a Dios como objeto material, es decir, responde a la pregunta ¿qué o a quién se estudia?; pero en cuanto que se revela a la humanidad, lo cual sería el objeto formal, o el ¿cómo se estudia? Lo que quiere decir esta definición es que Dios, en la Teología se da a conocer a los hombres haciéndose valer de mediaciones humanas.

De ahí que Jesucristo, el Verbo -divino- encarnado -humanado-, sea culmen y plenitud de esa revelación, como se dice en el párrafo 2 de la Constitución dogmática Dei verbum. En última instancia, y en función de esto, la teología se trata de reflexionar el diálogo entre el hombre y Dios en la comunidad eclesial, o la Iglesia, como escribe Juan Bautista Libanio en su libro de Introducción a la Teología.

Por consiguiente, se hace teología siempre que se reflexiona cualquier realidad humana a la luz de la fe o de la revelación de Dios, como dice Clodovis Boff. Aquí es donde radica la importancia de la teología para la vida espiritual. En el fondo, no se trata sólo de un saber racional, sino de una reflexión espiritual de la vida cotidiana.

¿Qué es el conocimiento teológico?

La teología, si bien es la “ciencia de la fe”, no posee un conocimiento como cualquier otra ciencia, pues, en último término, es una ciencia sui generis (única, original y especial). Por eso, el conocimiento teológico no se trata de un conocimiento relacionado con un lugar geográfico, un momento histórico en específico, o una realidad social, psicológica o antropológica concretas sin más.

El conocimiento teológico no tiene una referencia del todo material, aunque siempre presupone todos esos conocimientos; es decir, que los toma en cuenta en su ejercicio intelectual, y también se apoya de ellos para esclarecer más el misterio del Dios revelado.

Más que conocimiento racional, la teología busca un saber sobre Dios y las implicaciones que de ese saber se derivan para el hombre y mujer de cada época; es decir, es muy difícil pensar en teología sin pensar en una relación con Dios. En ese sentido, el conocimiento teológico se relaciona con la vida espiritual: se alimenta de ella, y también la alimenta, para que sea cada vez más auténtica, profunda y que dé frutos.

Si bien hay conocimientos concretos, que se derivan de la Teología: hay infinidad de autores que reflexionan acerca de infinidad de temas de la vida espiritual, la práctica de la fe o sobre el misterio de Dios en lo más complejo. Por ejemplo: la doctrina oficial de la Iglesia, es decir, los dogmas de fe, que son fruto de la reflexión teológica; pero también la forma en que estos dogmas se traducen en la vida de la Iglesia el quehacer teológico no se reduce a la sola asimilación y repetición de dicho contenido. Su tarea es más bien la de pensar la realidad humana desde la realidad divina expresada en la revelación.

Características del conocimiento teológico

Entre las principales características del saber teológico se encuentran las siguientes:

  • Sistemático: en cuanto conocimiento o saber sistemático, la teología es metódica, ordenada, organizada y consecuente.
  • Integral: el saber teológico no es parcial o incompleto, se trata de un saber global que parte de la revelación de Dios y llega a la vida humana en todas sus dimensiones y estratos.
  • Racional y discursiva: la forma de expresar el saber teológico es mediante la razón expresada en un discurso bien organizado.

En conclusión, el conocimiento teológico no es simplemente un ejercicio intelectual, sino una reflexión sobre una relación con el Dios revelado por Jesús  a través de los profetas, sobre un encuentro con lo trascendente, para fortalecer la vida espiritual y la relación con los demás.

A medida que profundizamos en la comprensión de los misterios de la fe, encontramos una mayor conexión con lo divino y una guía más clara para vivir de acuerdo con los principios espirituales. Así, el conocimiento teológico se convierte en un faro que ilumina nuestro camino hacia una relación más profunda con Dios y con nuestros semejantes.

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