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Editorial Boletín Informativo UPM Enero 2022

Muy queridas amigas y amigos de la UPM

Apenas el pasado diciembre terminamos un año civil y un semestre académico. Ahora, con la gracia de Dios, hemos comenzado ya el 2022. Estamos en el umbral de un nuevo período de tiempo, encabezado por el mes de “enero”. “January”, la voz inglesa de nuestro vocablo español, tiene la ventaja de remitirnos más directamente a su elocuente origen etimológico, en latín.

Como bien sabemos, al primitivo calendario romano de diez meses, el segundo gobernante de Roma, Numa Pompilio, agregó el mes de “enero” (January), precisamente en honor a una típica deidad de la mitología romana, denominada “Jano” (Ianus). El nombre de este dios alude al término latino de “ianua” que significa “puerta”. De ahí que su insignia característica era una llave, pues su atributo era el de ser guardián de todas las puertas, tanto de las moradas celestiales, como de las terrenales. Además, a Jano se le representaba con una cabeza “bifronte” o de dos caras, una que miraba al interno del recinto y otra hacia el exterior del mismo.

Los dos rostros de la divinidad romana, en sentido ya no espacial, sino temporal, simbolizan la mirada hacia el pasado y hacia el futuro.  Situados en la puerta de este 2022, miramos hacia el ayer del 2021 para aprender las no fáciles lecciones del distanciamiento físico, la impotencia ante la enfermedad y el duelo por los seres queridos. Pero también, del pasado reciente hemos aprendido las ventajas de la tecnología digital, valoramos la importancia de la convivencia social y el imperativo ético de hacernos responsables del bien ajeno, porque el bien del otro es el bien propio y el de todos.

Más allá, también lanzamos la mirada hacia aquel 29 de junio de 1982, fecha en que se reabriera la Universidad Pontificia de México, con la erección canónica de la Facultad de teología. Puestos de pie, cuarenta años después, en la puerta de este 2022, también miramos al futuro con la esperanza de seguir cultivando el talento de nuevas generaciones que no sólo obtengan, en las aulas, la instrucción y la capacitación de sus respectivas especialidades, sino también una visión de dos caras. Una cara para apropiarse el patrimonio que nos heredaron quienes nos precedieron y otra cara para enfrentar, con responsabilidad, el desafío de conservar, acrecentar y transmitir ese patrimonio de sabiduría a las generaciones del mañana.

El aprendizaje es esa “llave” que nos permite acceder a los tesoros de las tradiciones y culturas humanas de otros tiempos y otras latitudes; pero el aprendizaje es también la llave para abrir las puertas de un futuro sustentable, donde la justicia y la imaginación creativa hagan posible la pacífica convivencia entre todos los que habitamos esta casa común.

Pbro. Dr. Alberto Anguiano García
Rector

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