El Misterio de la Encarnación: Punto Neurálgico del quehacer Teológico

Autor: UPM

Publicación: 04/09/2024

Categoría: Acontecer

EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN:

PUNTO NEURÁLGICO DEL QUEHACER TEOLÓGICO

La celebración litúrgica del misterio de la Encarnación del Logos del Padre, es decir, de Jesucristo, no es únicamente una celebración del misterio de la fe, sino la condición de posibilidad de la reflexión teológica y marca un hito histórico salvífico sin el que es imposible entender la Historia de la Salvación. En efecto, se trata del acontecimiento central que, en el devenir del tiempo y de la historia, permite asumir la nueva condición del hombre. Por ello, a continuación, te compartimos su importancia en las diversas disciplinas teológicas:

En la Teología Trinitaria

Es Jesucristo quien nos ha revelado el misterio de la Trinidad. En los Evangelios Sinópticos se narra el momento del bautismo de Cristo, en el cual se hace evidente la presencia simultánea de las tres personas divinas (cf. Mt 3,16–17; Mc 1, 9–11; Lc 3, 21–22). En este pasaje, al emerger Jesús del agua, el Espíritu Santo desciende sobre Él, mientras que el Padre lo confirma verbalmente. Es el Evangelio de Juan quien desarrolla con mayor profundidad el misterio trinitario: Jn 10,30. 38: «Yo y el Padre somos uno (…). Crean en las obras, para que aprendan y reconozcan que el Padre está en mí y yo en el Padre».

En la Antropología Teológica

Es la Encarnación la que manifiesta la posibilidad de la vida nueva en Cristo, pues él muestra, con su admirable intercambio, al hombre perfecto, libre, llamado a la santidad y en posibilidad de asumirse en Cristo como una nueva creatura: “sean perfectos” (Mt 5, 48); Y la Carta a los Hebreos afirma: «No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado» (Hb 13,15).

En la Teología Moral

La vivencia de las virtudes alcanza su punto central. Por su Encarnación, Jesucristo se convierte en el modelo supremo de vida moral para los cristianos, pues él mismo ha manifestado el camino que el hombre ha de seguir. Su vida, enseñanzas y acciones proporcionan un ejemplo perfecto de cómo vivir una vida virtuosa y en armonía con la voluntad de Dios manifestado en las bienaventuranzas (cf. Mt 5, 3-12).

La Teología Espiritual

Vislumbra en la relación filial de Jesús con el Padre, el modelo hacia el cual el hombre se encuentra llamado. Con ello, toda la vida del hombre está en relación con Dios para ser transformada. La encarnación implica que Dios mismo experimentó la condición humana, incluida el sufrimiento. Esta comprensión de que Dios se hizo hombre y compartió en nuestras experiencias humanas, incluidas las más difíciles, ofrece consuelo y esperanza a aquellos que enfrentan el sufrimiento en sus propias vidas.

El arte cristiano y, concretamente la controversia iconoclasta

Sobre la veneración de las imágenes, fue defendida por Juan Damasceno, asumiendo que Dios, en la persona de Jesucristo, nos ha revelado su rostro y, por lo tanto, es posible crear imágenes para su devoción, puesto que Dios mismo se ha hecho imagen ya del hombre. Jesús es la imagen del Padre (cf. Col 1,15).

Sin duda, el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios es de vital importancia en la Teología Católica porque revela el amor de Dios, media entre lo divino y lo humano, ofrece redención y reconciliación, proporciona un modelo de vida y enseñanza en Cristo, y sustenta la vida sacramental de la Iglesia.

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