Proceso sinodal: la Iglesia que camina en la escucha del Espíritu

Autor: UPM

Publicación: 11/08/2023

Categoría: Facultad de Teología

La sinodalidad es una manera de ser y de actuar en la Iglesia. Nos recuerda que somos el Pueblo de Dios que camina, convocados por el Señor Jesús y el proyecto del reino, y que somos animados por la fuerza de su Espíritu hacia la misión de compartir buenas nuevas.

La sinodalidad entonces no es simplemente una serie de reuniones eclesiales y asambleas episcopales, que, a modo de un parlamento, discuten estrategias y modifican prácticas en orden a funcionar mejor. Se trata de un proceso a largo alcance, que incluye un reaprendizaje de lo que significa que todos somos sujetos en la única misión de la Iglesia, desde nuestros particulares carismas y ministerios. Y que, precisamente por eso, todos hemos de estar empeñados en escuchar al Espíritu y comprometernos a buscar caminos lo más cercanos a la voluntad de Jesús, para participar en la construcción de una Iglesia más fraterna y un mundo más justo.

En este contexto se sitúa la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos que tuvo lugar del 4 al 29 octubre de 2023 en Roma: ‘Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’. Participaron 464 personas, Obispos, presbíteros, laicos, hombres y mujeres, teólogos, invitados de otras tradiciones cristianas y no creyentes. Esta Asamblea continuará en octubre de 2024, y supone la tercera y última fase de un proceso que comenzó en 2021 donde las iglesias locales de todo el mundo que se ejercitaron a través del método de la “conversación espiritual” con una pregunta fundamental: “En una Iglesia sinodal, que anuncia el Evangelio, todos ‘caminan juntos’: ¿cómo se realiza hoy este caminar juntos en la propia Iglesia particular? ¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro ‘caminar juntos’?”. Los resultados se conformaron en síntesis nacionales y, luego, continentales. Con estos insumos, se elaboró el instrumento de trabajo sinodal.

Durante la asamblea, llamó la atención que el aula tuvo una disposición diferente a la que solía tener. Se ha abandonado el formato de anfiteatro utilizado en otras asambleas sinodales y se ha adoptado el uso de mesas redondas, en las que 12 personas en cada mesa se sientan una al lado de la otra, cara a cara, compuestas por obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos y laicas. El Papa incluido. Esto ha sido ya considerado un signo del nuevo modo se ser Iglesia sinodal. Se abordaron una amplia gama de temas y desafíos que la Iglesia enfrenta en su relación con el mundo. Destaca la importancia de la misión, la atención a los pobres y los vulnerables, los abusos, el clericalismo, la participación de las mujeres, la igualdad de género y la adaptación a la cultura digital.

Estas primeras conclusiones consensadas en la reflexión y la oración, serán maduradas durante este año, y retomadas en octubre próximo. No se trata de hacer cambios por los cambios mismos, sino aquellos que resulten de un discernimiento profundo, con la mayor certeza posible, de que corresponden a lo que el Espíritu pide a la Iglesia. Entonces sí, con auténtico espíritu profético, hacer las modificaciones pertinentes al derecho canónico que manifiesten el paso a verdaderas estructuras sinodales en todos los niveles.  Hay que mantener en una tensión saludable, la fidelidad al Evangelio y la necesaria atención a los signos de los tiempos, la urgencia de los cambios y el discernimiento paciente de la voz del Espíritu, la diversidad de experiencias eclesiales en una Iglesia viva en las culturas que aspira a ser realmente católica.

Decía el Papa Francisco a los jóvenes: “que salga de este Sínodo no sólo un documento, sino sobre todo propuestas pastorales concretas, capaces de llevar a cabo la tarea del propio Sínodo, que es la de hacer que germinen sueños, suscitar profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar una aurora de esperanza, aprender unos de otros, y crear un imaginario positivo que ilumine las mentes, enardezca los corazones, dé fuerza a las manos, y nos inspire a la visión de un futuro lleno de la alegría del evangelio.”

 

Ricardo González Sánchez

Decano de la Facultad de Teología

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