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¿Qué hemos aprendido ante el COVID-19?

¿Qué hemos aprendido ante el COVID-19?

No obstante, la crisis mundial de salud, económica, educacional, social y afectiva que ha suscitado el virus nombrado SARS-Cov-2 (síndrome respiratorio agudo grave), que provoca la enfermedad llamada COVID-19 y a la que comúnmente conocemos como coronavirus, han surgido algunas consideraciones éticas frente a la pandemia mundial – Declarada por la Organización Mundial de la Salus (OMS) el 11 de marzo de 2020) – que han golpeado la humanidad en este siglo XXI, pero de igual manera se pueden obtener reflexiones de aprendizaje a nivel personal y social, que presento de la siguiente manera:

1.- El cuidado de la casa común. La exaltación de la especie homo faber que suprime el homo ludens en función del homo economicus llega al homo demens que prescinde de sus relaciones sociales evolucionando hasta el homo degradadis, con su infame deseo de explorar la naturaleza hasta su última gota, es algo tan presente después de la Revolución Industrial y el surgimiento del capitalismo, un ritmo frenético fundado en el binomio producir y consumir como fórmula de la felicidad. El freno que puso el COVID-19 en todos los ámbitos: educativo, económico, salud, social y que seguirá causando, de igual manera se ha observado una disminución de smog en ciertas ciudades, de la contaminación del agua, del cambio climático, todo esto como un bien común. Este alto debe hacernos consciente que debemos tomar medidas sobre el cuidad de nuestro planeta, la casa común que nos alberga a todos, Papa Francisco habla de una ecología integral, Francisco, Encíclica Laudato Sí. Sobre el cuidado de la casa común (24 de mayo de 2015).

2.- Solidaridad ante el mismo problema. El COVID-19 ha desnudado a la sociedad de sus idiosincrasias y ha rescato la solidaridad como forma de sobrevivencia. El problema del otro es también mi problema. En este sentido, la solidaridad es acto de apertura y de acogida en relación al otro, al reconocerlo de modo simétrico como otro de mí, y por ser de la misma raíz me pone en dirección a él y a desearle el bien, la justicia la dignidad como deseo a mí mismo.

Por eso, cuando el otro es herido en su ser, yo, movido por compasión, tomo su causa (como un deber) para restituirle su condición original, porque es mi hermano, mi prójimo.

3.- Intensificar las buenas relaciones dentro del hogar. La pandemia ha impulsado sin duda alguna una ascesis en cada persona. Esta experiencia de esfuerzo, es un llamado a toda la sociedad en intensificar las buenas relaciones familiares, donde está su salvación y el inicio de su proyección hacia los diferentes ámbitos de desarrollo, profesional, familiar y académico. Es necesario seguir cultivando, por lo tanto, la calidad de las buenas relaciones, comenzando desde el núcleo familiar y extendiéndose a otros seres humanos, incluida la Universidad. La humanización de una sociedad es garantía de mejores condiciones de vida y cuidado.

Conclusión

Es necesario continuar haciendo reflexiones no de naturaleza alarmista, sino tratar de vislumbrar lo que podemos aprender de los tiempos difíciles. El virus del COVID-19 es una realidad que nos desafía, y conviene que nos cuestionemos: ¿Cuál es la lección ética que he aprendido en estos tiempos? Y ¿Cómo puedo aplicarla para mejorar mi calidad en las relaciones en la sociedad? Eso hará una diferencia en el futuro.

Pbro. Dr. Javier Coellar Ríos

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